Ya en la antigua Roma la lamprea era considerada un auténtico manjar, los romanos se las llevaban del Miño según decía ya Plinio en el siglo I.

Es, sin embargo, en la Edad Media donde la lamprea alcanza su mayor esplendor al ser permitido su consumo en épocas de vigilia debido a que era un pez, por mucho que su textura se pareciese más a la carne de un animal.